domingo, 16 de julio de 2017

¿Y esto cómo se hace?


En ocasiones nos hemos preguntado cuál es la forma más adecuada de tratar a una persona enferma. La respuesta me sale sola:

  1. debo ponerme en su lugar por un momento;
  2. procuraré por todos los medios, que su vida tenga un sentido profundo, capaz de superar cualquier embate.

A mí, la fuerza de la fe me ayuda a llevar bien estos dos puntos: aquí yo soy el enfermo, pero también tengo que hacer lo mismo para aquellos que no tienen fe; según cómo, también estos pueden ser enfermos.

Hace tiempo que veo superada la expresión “creo pero no practico”. Cuando hablamos de una discapacidad esto queda en evidencia, ya que la persona se cogerá a lo realmente sólido.

Aquí ocupan un lugar estratégico los sacramentos. Voy a poner todo mi esfuerzo en conseguir que la persona descubra cómo, con ellos, son capaces de afrontar cualquier situación. Pienso que es importante que la persona se dé cuenta de que algo así es cierto.

Ya os he hablado de la fundación que constituiremos en la empresa, cuyo objeto central será la persona con discapacidad, al margen de sus circunstancias: dolencias, peso, etc.

Nunca hemos de olvidar que su papel principal empezará una vez deje esta vida. Si la persona en cuestión no creyera en nada, le diría simplemente que el camino será un poco más largo, ya que primero deberá buscar a ese Dios en el que no cree, después encontrarle y finalmente no dejarle nunca.

Pienso en lo mucho que nos reiremos una vez estemos en el cielo, ya que allí no existirá el dolor ni nada que se le parezca.

A veces me planteo cómo será posible algo así, si casi toda mi vida he convivido con el dolor: ya llevo 27 años. He de confesar que una vez más han sido los sacramentos los que me han ayudado en una situación tan farragosa.

Tengo claro que siempre procuraré transmitir la fe que recibí de mis padres.