Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de julio de 2018

En mi corazón



Queridos amigos:

Soy María Rosa, la madre de Joaquín. “Eres mi secretaria de dirección”, me lo llamaba, con mucha gracia.

Con él he compartido muchos escritos de este blog. A menudo, nada más llegar, en estas tardes en que le acompañé, me decía: “Mamá tengo un idea nueva; vamos a trabajar”. Le tenía que pedir “tiempo” pues cuando cogía la carrerilla era incansable.

Una vez escrito el artículo, me lo hacía leer unas cuantas veces: que si este verbo lo hemos repetido dos líneas antes, que es mejor poner esa otra palabra, que si te has dejado un acento, una coma… Han sido 10 años durante los cuales, todas las tardes he tenido la inmensa suerte de estar con él.

En sus 28 años de esclerosis no le he oído quejarse ni una sola vez.

–¿Qué tal estás bonito?, le preguntaba. –Bien –me decía–, si no fuera por la esclerosis... Y, encima, ¡con la sonrisa en los labios!

Últimamente conseguí meterle un gol. Como madre nada más entrar y verle ya sabía cómo estaba, pero  quería equivocarme, y le preguntaba: “Hoy, ¿cuántas apisonadoras te han pasado por encima?" Y yo, optimista, empezaba: 5, 10,15… hasta que con la cabeza me hacía una señal de stop; y el dolor era mío cuando muchas días se paraba en 30, 40… lo máximo que me quiso decir fue un día que llegamos a 50.

Quería daros las gracias a todos los que habéis seguido el blog de El invitado imprevisto, gracias de un modo muy, muy especial a Jaume, su secretario de comunicación, que ha hecho su trabajo a la perfección. La de veces que me decía "la suerte que he tenido con Jaume". Gracias también porque sé lo mucho que habéis rezado por él.

Ahora Joaquín está en el Cielo y es él quien estará a nuestro lado queriéndonos y ayudándonos a todos.

Nos ha marcado el camino, y como me repetía montones de veces, todos nos encontraremos en el Cielo.

Estas líneas no son un "adiós", son un "hasta siempre". Todos os quedáis en mi corazón.

viernes, 18 de mayo de 2018

No avanzar es retroceder


En ocasiones he tenido que utilizar este argumento para justificar mi dolencia.

Realmente no me gusta, pero define muy bien mi situación como enfermo.

Llevo un mes de "baja” en mi casa. He descubierto lo mucho que me ayuda las continuas visitas que tengo y el apoyo que me transmiten.

¡Cuánto les necesito!.., ¡si ellos lo supieran…!

Hay personas que todavía me dicen que después de esta vida no hay nada, ¡qué lástima!

En situaciones como la que he pasado, me viene a la cabeza con frecuencia este aspecto y pienso lo mucho que nos espera después de esta vida.

Mi madre –la "secretaria de dirección", como se autodefine, con cierta gracia– me dice que he visitado a San Pedro un par de veces, pero… que todavía no era el momento…

Ahora no me voy a fijar en el título, pero sí que debo vivir mi día a día con optimismo, aunque tenga ganas de tirar la toalla.

He dicho que no me voy a fijar en el título, pero quiero hacer hincapié en el origen de muchas de mis discusiones con otras personas: debo luchar a todas horas, sin desfallecer nunca.

Me encuentro un poco cansado de tanta lucha, pero quiero que todo el mundo tenga un recuerdo imborrable sobre mí, no se trata de presunción, sino más bien el deseo de que a ellos también les sirva para acercarse un poco más a Él.

martes, 3 de abril de 2018

Sonreír a la esclerosis


Hace unos días un estudiante de Periodismo de UIC Barcelona que conocí hace tiempo, me pidió ayuda para hacer un trabajo en la universidad.

Quiero reproducir aquí su artículo porque pienso que recoge muy bien lo que quería transmitir; por si puede ayudar a alguna persona enferma.

Jordi, que así se llama el futuro periodista, lo ha titulado “Sonreír a la esclerosis”, por mi parte animo a todo el mundo que ponga “sonreír a…” y le propongo que añada aquello que padece: un cáncer, un ictus, una parálisis, incluso una pequeña gripe.

Si tuviera que terminar con una breve conclusión, os diría que a nadie le gusta el dolor, pero hemos de buscarle entre todos un sentido al mismo. Por lo tanto trabajaremos en equipo.

He aquí el artículo:

**********


«Joaquín Romero ha dado sentido a su enfermedad a través de la fe y de la alegría».

Ten­dría 22 o 23 años, iba a ser arquitecto técnico. Durante un partido de fútbol comencé a notar un cosquilleo en las piernas. Algo iba mal. Después empecé a ver doble. Fui al médico y me lo dijo muy claro: tenía esclerosis múltiple, una enfermedad incurable”.
Esta es la historia de Joaquín Romero Salord, un hombre especial, diferente.

Joaquín vive su enfermedad con alegría, como una oportunidad para ayudar a los demás a través de su testimonio.

El motivo para enfrentar y dar sentido a su calvario diario es su fe católica. Joaquín es miembro del Opus Dei, una institución religiosa.
El dolor en sí no me gusta, ni para mí ni para nadie. Entonces, me planteo dos opciones: suicidarme o luchar por ganarme el cielo. De las dos, me quedo con la segunda.  Qué quieres que te diga, estoy seguro de que he acertado, ya que a pesar del sufrimiento soy feliz”, reconoce.
Tras diagnosticarle la esclerosis, Joaquín montó junto a su hermano Borja, BJ Adaptaciones, una empresa dedicada a acondicionar las casas de personas discapacitadas.

Además, escribió El invitado imprevisto: “El 'invitado' se llama esclerosis. Es imprevisto, porque no te lo esperas. Un buen día, está y ya no se va. Como si le gustara el lugar o quisiera fastidiarte”.

Pero, ¿es posible ser feliz en esa situación? He aquí la experiencia de alguien que dice que sí, que es posible ser feliz en el dolor”.

Llevar una empresa o escribir un libro y un blog, todo ello a través de una cotidianidad extraordinaria y desde una silla de ruedas.

Eso era hace unos años, ahora ya no se mueve de la cama. Tan solo puede hablar y gesticular con su rostro. La esclerosis va paralizando su cuerpo, pero es incapaz de frenar su fuerza de voluntad.

Joaquín se hace entender a través de susurros y balbuceos que proponen proyectos ambiciosos como una titulación de cuidadores o abrir su hogar a quien desee para transmitir su testimonio.

Una casa que jamás está vacía, muestra del cariño y de la huella que Joaquín deja en los demás:
Hace un tiempo una amiga de mi madre me regaló un burrito de noria blanco que tengo en la mesilla. Me recuerda que tengo que poner buena cara”. 
Y habla de un acuerdo que se firma comiendo una golosina:
Actualmente estoy firmando numerosos pactos chinos con los chicos que vienen por mi casa, en este acuerdo nos comprometemos los dos a poner un poco más de nuestra parte. Finalmente les aclaro que trabajaremos en equipo, yo intentaré poner buena cara y cada uno de ellos se compromete a un número de horas de estudio”.
Este reportaje intenta retratar la vida de Joaquín a través de la enfermedad, la fe y su carácter emprendedor para tratar de comprender, en palabras de Joaquín,
cómo una silla de ruedas puede ser movida por la robótica espiritual de una sonrisa”.
Así es como Joaquín se enfrenta a la esclerosis. “Una sonrisa característica”, reconoce su madre. La misma con la que me dijo que este fotorreportaje “era un trabajo aparentemente inútil” porque su historia era ordinaria. Le corrijo: Extraordinariamente ordinaria.

sábado, 20 de enero de 2018

¡Un día muy especial!


Han pasado ya muchos años desde el día en que me diagnosticaron esclerosis múltiple. Creí que ya había superado todos los límites de mi dolencia y sin embargo cada día descubro alguna cosa nueva.

No pienso engañar a nadie, aunque llevemos muchos artículos juntos.

Soy consciente que detrás de una persona con discapacidad, se esconde otra cara que no quiero olvidar.

La persona podrá estar muy mal aunque sea totalmente dependiente, pero su dignidad nunca cambiará.

Todos los que nos acompañáis en nuestra andadura, no debéis olvidar que la dignidad queda intacta.

Quiero que todo el mundo pueda contar con mi apoyo y comprensión.

Me hago cargo que, por muy mal que estemos, no dejaremos nunca de ser un referente para muchas personas.

Nuestros días son siempre muy especiales…

sábado, 16 de diciembre de 2017

¡Navidad, Navidad, dulce Navidad!


Un año más nos acercamos a estas fechas tan entrañables.

Me consta que en la mayoría de casos nos acordamos del nacimiento del Niño Jesús, pero a veces nos olvidamos de la importancia que tiene.

Desde luego los regalos y las comidas tendrán su rango, pero ya se ve que no es este el motivo principal de la Navidad.

Os propongo que por un momento hagamos un esfuerzo de imaginación, aunque esto no va a ser fácil, fijaos qué cosa más curiosa: un Dios que nace en una cueva y muere en una cruz.

Claramente detrás de esto se esconde algo grande… A nosotros sólo nos falta descubrir de qué se trata.

Este esfuerzo de imaginación me temo que pasa por los sacramentos, como la Santa Misa…

A las personas que me preguntan por este aspecto, sólo me atrevo a decirles que en todos estos años de enfermedad, nunca me he separado de algo así y, qué quieres que te diga, el resultado ha sido muy bueno, estoy contento a pesar del dolor.

Os invito a que todos juntos contemplemos a ese Niño que nació en el portal de Belén y que espera nuestra visita.

Os deseo a todos unas felices y santas Navidades.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Un trabajo aparentemente inútil

La perseverancia del burrito permite regar todo el campo.
Esta mañana ha ocurrido algo muy particular, ha venido a mi casa Jordi al que conocí hace años. Él me explica que para la asignatura Fotoperiodismo quiere preparar un artículo y hemos hablado de lo siguiente.

Muchas veces he querido resumir la forma de afrontar una enfermedad, en tres aspectos que considero importantes:

  1. Espíritu de lucha
  2. Afán de superación
  3. Optimismo ante la adversidad

Para conseguir estos tres objetivos es necesario tener en cuenta algunos aspectos que considero importantes.

Muchas veces hemos tendido a simplificar estos aspectos con una pregunta muy sencilla: ¿Eres creyente?

En esta ocasión yo quiero ir por otros derroteros: Por un momento me voy a imaginar que no tengo fe.

¿Qué hago?...

Tengo claro que los tres valores que he puesto, serán de mucha utilidad para aceptar la enfermedad y sobrellevarla con garbo.

Ayuda mucho tener un buen apoyo donde agarrarse.

Me doy cuenta de que el dolor llevado un día y otro con optimismo y espíritu de lucha es de gran utilidad para mucha gente.

Creo que la lucha sin fe, será mucho más difícil, pero merece la pena preguntarse lo que hay que hacer para conseguirla.

Una vez una persona me dijo: “Siempre que hablas del dolor citas a Dios”. A lo que le respondí sin dudarlo:
“Realmente no he sido capaz en toda una vida vinculada al sufrimiento, encontrar un sentido al dolor sin nombrar a Dios…”.
Finalmente, termino mi argumentación diciéndole:
“Si tú no fueras creyente el trabajo sería doble, ya que habría que buscar a ese Dios en el que no crees, después encontrarle y finalmente no dejarle nunca”.
El título con el que he encabezado este artículo, lo he hecho sabiendo muy bien que el dolor no es fácil llevarlo en el día a día.  Puede parecer que esta  actividad es sencilla y que no aporta nada y sin embargo puede ayudar y ser útil para mucha gente.

Esto me ha recordado a una figura antigua que yo tengo muy presente: la del borrico de noria, que permitía regar todo un campo con un trabajo aparentemente inútil.

jueves, 26 de octubre de 2017

Los obstáculos están para saltarlos


En ocasiones he podido leer la preocupación que rodea a una persona enferma cuando llega el final de su vida.

Defienden con uñas y dientes que el paciente pueda rechazar los tratamientos que no quiera, que se cumplan los deseos íntimos expresados en un testamento vital, que fallezca en la intimidad y con el mínimo sufrimiento físico y psíquico posible.

Desde luego aparentemente puede parecer que se preocupan de la persona en cuestión, pero quizás conviene pararse un momento y pensar qué es lo que de verdad prefiere la persona.

Por mi parte como enfermo de esclerosis y creyente, le  ofrecería todo lo que tenga a mi alcance para que pueda vivir esos momentos lo mejor posible.

Ayuda mucho tener una fe para poder enfrentarse a situaciones como esta.

Considero de vital importancia acompañar al enfermo durante su vida facilitándole todo lo que pudiera necesitar.

Desde luego no es lo mismo un simple constipado a la esclerosis que padezco hace 27 años.

Me doy cuenta de que el enfoque ante el dolor es muy parecido en los dos casos, a nadie le gusta sufrir y desde luego no existe nada más alejado de los deseos de felicidad del hombre, que el dolor humano, por lo que deberemos tener muy claro cualquier parámetro que lo condicione.

Por un momento he pensado en todo lo que han hecho mis hermanos y los trabajadores de la empresa, desde luego parece una carrera de obstáculos. Pero tengo claro que los obstáculos están para saltarlos y no para chocar contra ellos.

Cuando me diagnosticaron la esclerosis, enseguida procuramos compensar todas las limitaciones que pudieran aparecer, con espíritu positivo y optimista.

Claramente los obstáculos están para saltarlos y nunca para chocar con  ellos.

Por un momento voy a pensar en la frase que apareció en los medios de comunicación de hace un tiempo: la muerte digna. Yo prefiero hablar siempre de vida digna y ofrecérsela a todo el mundo.

sábado, 22 de julio de 2017

Una visita imprevista


El día 16 de julio fue muy especial para mí, ya que como colofón a la fiesta de la Virgen del Carmen, vino a mi casa don Fernando Ocáriz, el Padre, como le llamamos cariñosamente en la Obra.

Nada más entrar en mi habitación me dijo:
ahora, que parece que no haces nada, haces muchísimo, muchísimo, muchísimo. Tú ve ofreciendo todo lo que te cuesta por las almas, sabiendo que así sacas la Obra adelante más que cuando estabas en plena forma. Siempre estamos contigo muy bien acompañados”.
A continuación le pregunté:
Padre, una de las primeras cosas que aprendí en el Opus Dei es que los enfermos somos un tesoro y que la Obra es el mejor sitio para vivir, para morir y para estar enfermo. ¿Qué más puedo hacer si ya llevo 27 años afectado de esclerosis múltiple?”
El Padre me contestó:
¡Te lo agradezco mucho! Todo lo que haces por el Papa, por el Padre, es ¡utilísimo, utilísimo, utilísimo! Estás ayudando a toda la Iglesia y a la Obra ¡muchísimo, muchísimo, muchísimo!”
Le conté al Padre que hace tiempo una amiga de mi madre me regaló un burrito de noria blanco que tengo en la mesilla. Me recuerda que tengo que poner buena cara.

Le dije que actualmente estoy firmando numerosos pactos chinos con los chicos que vienen por mi casa, en este acuerdo nos comprometemos los dos a poner un poco más de nuestra parte. Finalmente les aclaro que trabajaremos en equipo, yo intentaré poner buena cara y cada uno de ellos se compromete a un número de horas de estudio.

Me comentó el Padre:
Es un buen pacto; es un pacto estupendo: el poner buena cara es muy agradable a Dios y es también un modo estupendo de hacer oración y de ayudar a todas las almas. Que Dios te bendiga por lo que estás haciendo”.
Finalmente el Padre bendijo el burrito y me dijo:
Es un trabajo estupendo, me parece estupendo. También cuando las cosas cuesten más, lo primero es considerar que el Señor en la Cruz es de una eficacia enorme”.
Desde luego la visita del domingo tiene un valor trascendente para mí. Nunca imaginé que un día el Padre pudiera estar en mi propia casa. Desde luego ya no tengo excusas: a seguir luchando y a no tirar la toalla. ¿Me ayudas?

domingo, 7 de mayo de 2017

Un sueño hecho realidad


Anteayer fue un día especial, ya que mi hermano Borja nos dijo a toda la empresa que por fin había llegado la confirmación de la Fundación Romper Barreras. ¡Esto se pone en marcha!

No sabía muy bien cómo titular esta entrada, pero tengo claro el fondo que quiero transmitir: ¿cómo es posible que una persona se encuentre con el dolor y no haya resuelto, con tiempo diría yo, cómo resolverlo? Esto es lo que la Fundación persigue.

Entiendo perfectamente que una persona no pueda creer en Dios, pero debe darse cuenta de que Él es lo único que puede dar respuesta a algo tan particular.

Todas las semanas viene una persona a hacerme reflexoterapia, ella ha tenido un cáncer muy agresivo del que ha salido con alguna secuela.

Como hay confianza le comento que los dos somos “simples corredentores”.

No tengo claro qué título sensacional le pondría a este artículo que estoy escribiendo, desde luego el dolor no tiene ningún atractivo por lo que podría ponerle algo como: “Una historia pequeña con un final grande”.

Llevo ya 27 años con mi esclerosis por lo que una persona sin fe podría pensar que es todo un fracaso. Tuve claro por la fe que recibí de mis padres que el dolor no es más que el medio de conseguir ese cielo que Dios nos tiene preparado.

Rápido me ha venido a la cabeza la pregunta que uno de mis cuidadores me ha hecho repetidas veces: “¿Y si no existe nada?”

Yo le respondo: El camino en ese caso será un poco más largo, ya que la persona en cuestión deberá buscar a ese Dios en el que no cree, después encontrarlo y finalmente no dejarle nunca, ya que tenemos en juego algo muy grande.

Dejando al margen el título tengo claro tres de las cuestiones que plantea El Invitado Imprevisto:
  1. cómo se puede ser feliz en el dolor,
  2. cómo se puede ayudar a otros desde la propia necesidad y por último 
  3. cómo se puede mover una silla de ruedas con la robótica espiritual de una sonrisa. 


sábado, 1 de abril de 2017

¡Paso el relevo de mano en mano!


Lo he explicado muchas veces: cuando en 1990 mi médico el doctor Oliveras me diagnosticó la enfermedad me dijo que se trataba de una dolencia incurable, progresiva y degenerativa.

Entonces yo le pregunté inocentemente lo que quería decir degenerativa, él me contestó escuetamente que no avanzar era retroceder.

Eso sí loentendí: no debía estar cruzado de brazos nunca, y que por lo tanto mi actividad profesional iba a ser importante.

Ahora mismo estoy a punto de pasar el relevo a otro de mis compañeros, por lo tanto he de estar muy atento.

Había pensado que la manera de conseguir mi objetivo será constituir una Fundación, de la que ya he hablado en este blog.

Muchos son especialistas en ponerme todo tipo de trabas: el dinero, mis pocas fuerzas, que ya existen entidades de este tipo por todo el mundo, y un largo etcétera.

En una ocación le expliqué a una persona que vino a verme mi intención y me dijo textualmente:
¿Tienes la impresión de morirte, o algo parecido?
Le expliqué que en absoluto había tenido una aparición, simplemente quería que todo lo que había aprendido de mis hermanos y el equipo de BJ lo pudieran disfrutar en los 5 continentes.

Dicho y hecho, dentro de poco empezaremos todo el proceso para iniciar el proyecto.

Las últimas palabras del Papa Fancisco sobre la XXV Jornada Mundial del Enfermo en Lourdes me motivan todavía más para acometer este nuevo proyecto.

lunes, 13 de marzo de 2017

A todos nos llegará


Me doy cuenta de algo que es impepinable. El hombre va a menos con el paso del tiempo.

Conviene que la persona sepa cómo reaccionar ante una situación de estas características.

En una ocasión, una buena persona me dijo que siempre hablaba de Dios cuando me refería al dolor humano. Con el paso del tiempo he pensado repetidas veces en este comentario y considero que la razón de ser del dolor precisamente es para recordarnos que llegará un día que no existirá ni la silla de ruedas ni tan siquiera la duda de saber lo que habrá después.

¡Qué ganas tengo de que llegue ese momento!

Me quedo muy tranquilo, cuando sé por la fe que me transmitieron mis padres, que ese momento llegará un día y que debo ganármelo a pulso.

Ahora vamos a constituir una fundación que tendrá como objeto central a la persona con discapacidad y la tecnología de apoyo, entendiendo como tal los productos para mantener, mejorar o aumentar las capacidades funcionales de la persona.

Eso sí: teniendo siempre muy claro que esto se trata de una maratón, más que de una carrera de velocidad.


sábado, 18 de febrero de 2017

Algo muy particular


Puede parecer muy curioso que quiera escribir en mi blog este nuevo artículo, pero me he dado cuenta de que es algo interesante para una persona enferma.

Resulta que en mi casa hemos colocado una mesa de trabajo, justo en el momento en que peor me encontraba, ya que estoy perdiendo la voz y las fuerzas.

Esta mesa permite estar a la misma altura que cualquiera de las visitas que vienen a verme y cómodamente pueden escribir lo que les dicto.

Algo así puede parecer una cosa totalmente intrascendente, pero ha permitido  darme cuenta una vez más, que todas las personas con discapacidad, especialmente si se trata de una enfermedad degenerativa como la mía, necesitamos de la ayuda de otras personas.

Claramente debemos aprender la forma más cariñosa de dejarnos ayudar, ya que muchas veces puede parecer que lo más “valiente” es aparentar todo lo contrario: que somos inflexibles y totalmente ajenos a cualquier muestra de atención personal.

De esta forma las personas que vienen se han convertido en algo muy particular, en muchos casos terminando en verdadera amistad.

Los que vienen asiduamente han tenido que aprender el manejo de todos los dispositivos que tengo, como si fueran auténticos ingenieros.

El espectáculo está servido: por una parte están las personas que todo lo saben, pero se equivocan de botón, ponen el auricular en sentido contrario…

Luego existen los que tienen pánico escénico ante todo lo tecnológico.

De cualquier manera yo me quedo con la buena intención que ponen y pienso que son personas que se desviven por mí.

Hace poco he podido leer lo que el Papa Francisco ha dicho sobre los enfermos y me doy cuenta que la enfermedad hay que aceptarla y que todos debemos estar preparados para darle un sentido trascendente y humano.

Pienso que la combinación de estas dos características son de vital importancia. Ya llevo 27 años enfermo y sé lo mucho que ayuda.

Como dije en El invitado imprevisto una cosa es coger el autobús y otra ser arrollado por él. A nosotros nos ha tocado la segunda parte.

En ocasiones me he encontrado con personas que me han dicho que siempre que hablo del dolor, nombro a Dios. Realmente no existe otra explicación al dolor que no pase por el sentido trascendente de la vida.

viernes, 30 de septiembre de 2016

¿Cómo se puede ayudar a otros desde la propia necesidad?



Una de las preguntas que trata El invitado imprevisto ha dado título a este artículo.

Realmente es llamativo que a través de una simple enfermedad, además de sobrellevarla, se pueda ayudar a otras personas. Algo así he podido comprobar con el libro.

Con frecuencia, las personas que vienen a verme me comentan sus inquietudes o metas. Entonces les digo que tengo un documento extenso donde anoto todas las intenciones por las que debo rezar. Acto seguido les pido que me digan, por favor, lo que desean añadir a este documento.

Como normalmente no salen de su asombro, les explico que El invitado imprevisto se ha editado en chino y que realmente me parece igual de difícil aprender chino, que aprender a confiar en Dios cuando aparece cualquier problema en nuestras vidas.

Me doy cuenta de que a la gente, creyente o no, le gusta saber que me he acordado de ella cuando paso por un momento difícil de mi enfermedad. Resulta que algo tan simple me es de mucha ayuda cuando se presentan las molestias.

O sea que además de pensar en los demás, consigo no dar vueltas a mi enfermedad cuando arrecian los dolores.

Veo que la forma de ayudar a otras personas lo consigo, no pensando continuamente en mis cosas, sino poniéndome en su lugar, escuchándolas y acogiéndolas. ¡La intriga está resuelta!

miércoles, 3 de agosto de 2016

Cuando te arrolla un autobús…


En repetidas ocasiones me han preguntado amigos míos algo muy sencillo que se explica en El invitado imprevisto: ¿cómo se puede tener una dolencia y estar contento?

Aparentemente puede parecer una contradicción, sin embargo es algo que a todos nos interesa.

Desde luego hace falta unas muletas donde poder apoyarse y aquí ocupa un papel esencial una ayuda externa de envergadura, como son los sacramentos.

Por otra parte es muy conveniente buscar elementos a nuestro alcance que puedan ayudarnos en el día a día. Sin ir más lejos, después de una de esas noches interminables, tuve que tumbarme un rato y ahora quiero compartir con todos los lectores del blog lo que me programó uno de mis cuidadores, que paso a detallar por puntos:

1- Vídeo de una noche lluviosa, repleta de truenos y relámpagos:



2 - Foco SHX, que cambia de color según el sonido.

3 - Cama BJ, que realiza cambios posturales a derecha e izquierda de modo automático.

Me ha venido a la cabeza rápidamente algo que aparece en El invitado imprevisto: una cosa es tomar el autobús y otra ser arrollado por él.

Qué diferente resulta ver a una persona enferma en la cama de un hospital, que ser nosotros mismos los que nos encontrásemos en esa situación.

lunes, 4 de julio de 2016

¡Que alguien pare el mundo, que me bajo!


En una ocasión escuché un comentario que ha dado título a este nuevo artículo de El invitado imprevisto.

Cuando en 1990 me diagnosticaron la enfermedad, no imaginé ni de broma, que se pudiera llegar a unos extremos como los actuales: he perdido mis manos y mis pies y tengo problemas respiratorios, lo que me obliga a utilizar un respirador toda la noche y en momentos puntuales del día.

Hace poco una persona me preguntó con cara expectante: “¿Has pensado alguna vez en suicidarte?”, a lo que le respondí con toda naturalidad: “Pues claro que sí, pero prefiero luchar por ganarme el Cielo”.

No pongo en duda que a nadie le gusta el dolor. Tengo claro que es una forma con la que Dios nos recuerda que nos está esperando en el Cielo. La manera de conseguirlo son Los Mandamientos y todo lo que la Iglesia nos enseña.

Desde luego el dolor será el mismo, pero la forma de llevarlo cambiará radicalmente.

Hoy ha venido a verme a casa Carlos, que está estudiando segundo de medicina. Nada más verle le he dicho:
“Seguro que tú sabrás muy bien, por tus estudios y la fe que has recibido de tus padres, el sentido que tiene algo como el dolor”.
A lo que añadí:
“Me viene genial haberte conocido…, para responderte al tema del dolor, he pensado para mis adentros lo que muchas veces he dicho: ¿cómo es posible que Dios haya venido al mundo y haya querido nacer en un portal y morir en una cruz…?”
Seguro que detrás de una pregunta tan sencilla se debe esconder algo grande. A nosotros aún nos queda descubrirlo...

lunes, 6 de junio de 2016

Más allá de la gran muralla


El sábado 21 de mayo vino a mi casa Diego A. acompañado de un amigo chino,
me dio una gran alegría.

Lo primero que me vino a la cabeza es el vídeo del Papa Francisco que habla de sus deseos de poder visitar China y que ya vimos en una entrada anterior.

Resulta que cada vez son más frecuentes los “pactos chinos” que firmo con las familias que vienen por casa, precisamente para rezar por esta intención.

El primer ejemplar del libro en chino se lo envié al Papa Francisco comentándole que pediría oraciones por su viaje.

Soy consciente que los cristianos en China están siendo perseguidos, pero ha podido más el deseo de que muchas personas descubran el sentido cristiano del dolor, que realmente puede ser de gran ayuda para todas las personas que en algún momento deban convivir con este “invitado” tan inoportuno.

Algo así es innato a la condición humana, por lo que debemos encontrar un sentido a una circunstancia de estas características.

He querido titular este artículo como “Más allá de la gran muralla” porque realmente el sentido del dolor trasciende totalmente a todo tipo de ideologías.

Pienso que lo único que debemos hacer nosotros es descubrir porqué un Dios ha querido nacer en un portal de Belén, haber sido flagelado y morir en una cruz.

El interrogante está servido, al margen de todo lo que pueda pensar el hombre. Ánimo a todo el mundo a que descubra la respuesta.

Y, ya que estamos, lo repito un avez más: ¡súmate al reto del millón! ;-)

sábado, 23 de abril de 2016

¡Caballo ganador!


Cuando pienso en todas las personas que pueden beneficiarse de El invitado imprevisto en chino, lo primero que me ha venido a la cabeza es el bien tan grande que puede suponer: descubrir el sentido cristiano del dolor humano.

Desde luego estamos muy alejados de China, pero el dolor en cualquiera de sus formas es idéntico, por lo que todos podemos descubrir cómo ser feliz en el dolor gracias a la ayuda de los Sacramentos.

Ante un panorama de estas características, mucha gente puede pensar que soy un ingenuo o que mi esclerosis está empezándome a afectar a la cabeza, pero es ahora más que nunca cuando recurro a la fe que me transmitieron mis padres.

Si miro paso a paso, desde que se inició la idea del libro y cómo han ido encajando las piezas, me doy cuenta que ha sido el Señor el que ha hecho que todo vaya saliendo en el momento oportuno. Seguro que Él desea que se difunda el libro en China, para que muchas personas conozcan la fe.

Animo a que mucha gente rece por la difusión de la edición en chino, ya que es apuntarse a “caballo ganador” pues el Señor nos ayuda y nunca pierde batallas.

Y no te olvides: ¡súmate al reto del millón!

domingo, 1 de noviembre de 2015

¿Cómo se puede ser feliz en el dolor?


Vuelvo a pasar por uno de esos momentos límite que me parecen insufribles y me viene a la cabeza una de las preguntas de El invitado imprevisto, que precisamente titula este artículo.

Si no hay nada más alejado de los deseos de felicidad del hombre que el sufrimiento humano, ¿Cómo se puede ser feliz en el dolor?

En una ocasión, una chica me hizo esta misma pregunta delante de 100 estudiantes de 2º de Medicina, que no se conformaban con una respuesta cualquiera. Le respondí:
En sí mismo el dolor no da la felicidad, es necesario buscar algo que te ayude a encontrarlo. En este sentido el trato con Dios y los sacramentos son de un valor inestimable.”
A partir de aquella respuesta, le siguieron más preguntas que fueron despertando la expectación del público. Entonces me di cuenta que todo lo relacionado con el dolor humano despierta un gran interés.

Llegó un momento que otra estudiante me preguntó:
¿has pensado alguna vez en suicidarte?”
Como enseguida noté que la pregunta me la hacía por algún motivo personal, le respondí:
Desde luego que sí, especialmente esta mañana, ya que ha sido durísima…
Después de dejar pasar unos segundos le aclaré:
el dolor en sí no me gusta, ni para mí ni para nadie. En esos casos me planteo dos opciones: suicidarme o luchar por ganarme el cielo. De las dos me quedo con la segunda y qué quieres que te diga,  estoy seguro que he acertado, ya que a pesar del sufrimiento soy feliz.
Me doy cuenta que las personas no están acostumbradas a dar respuesta al sufrimiento y eso les obliga a reflexionar sobre el sentido de sus vidas. Muchas veces una sonrisa en medio del dolor es la mejor receta.

viernes, 25 de septiembre de 2015

¡Esto ya se pasa de la raya!

sonreír, a pesar de todo, es una buena idea ;-)
Una vez más vuelvo a estar en la cama por otra de esas interminables infecciones de orina.

Mi madre me acompaña con un portátil y dispuesta a escribir este artículo.

Nunca pensé escribir un texto en estas condiciones, pero he podido ver en el mapamundi del blog, todos los lugares del mundo que conectan con la página de El invitado imprevisto y esto ha hecho que vuelva a sacar fuerzas, pensé en nuestros lectores y me decidí a escribir estas líneas. Para colmo me cuesta hablar y apenas me oye mi madre, pero… nada, ¡a lidiar con el toro y a sacar fuerzas de lo débil!

Como se vuelve a tratar de una situación límite,  he querido recordar unas palabras que me dijo un amigo en una ocasión, viendo mi estado de salud en aquel entonces:
“Joaquín, lo que te sucede es muy sencillo de entender, Jesús quiso redimir a los hombres naciendo en una cueva y muriendo en una cruz, por lo tanto tú ahora debes corredimir con tu esclerosis, ya descubrirás cuando vayamos al cielo, el bien tan grande que ha derivado de tu dolor ofrecido con una sonrisa”.
Me tranquiliza comprobar que un dolor ofrecido a Dios puede ser de utilidad, desde luego el dolor será el mismo, pero la forma de llevarlo cambia radicalmente. Me quedo muy esperanzado al saber que de todo esto que me sucede, aunque en ocasiones me parezca insufrible, puede derivarse un bien muy grande para otras personas y que yo pueda unir mis dolores a los de Jesús.

viernes, 19 de diciembre de 2014

El auténtico regalo de las Navidades


Desde pequeño, cuando se acercaban estas fechas navideñas, mis padres nos recordaban que iba a ocurrir algo grande: “Dios iba a nacer en el portal de Belén”.

Uno de los acontecimientos que despertaba mayor expectación entre mis hermanos era montar el belén. Nos preocupábamos de colocar todas las figuras del portal: El Niño Jesús, la Virgen, San José, los pastorcillos…

Luego me explicaron que ese mismo Dios se dejó clavar en una cruz por amor a todos los hombres.

Aparentemente puede parecer una pequeña locura: un Dios que se hace hombre, que nace en una cueva y muere en una cruz. Me he podido dar cuenta que en estos 25 años en cuanto a la salud lo estoy perdiendo todo, pero esa alegría interior de saber que después de esta vida hay otra y que para conseguirla, debo cumplir los mandamientos, realmente me da mucha tranquilidad.

En ocasiones me he encontrado con personas totalmente descreídas, que me preguntan cómo consigo estar contento a pesar de mi enfermedad. Simplemente les respondo que si quieren ser felices, a pesar de una situación como la mía, les animo a seguir el mismo camino. De esta forma les propongo: busca a ese Dios del que te hablo, luego encuéntralo y finalmente no le dejes ¡Porque es una pasada!

En ocasiones pensamos que lo material es lo que da respuesta a los deseos de felicidad del hombre. Este vídeo me ha recordado la importancia de descubrir el motivo de poder afrontar momentos adversos o difíciles.

¡Que tengáis una muy feliz Navidad y próspero año 2015!