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miércoles, 18 de julio de 2018

En mi corazón



Queridos amigos:

Soy María Rosa, la madre de Joaquín. “Eres mi secretaria de dirección”, me lo llamaba, con mucha gracia.

Con él he compartido muchos escritos de este blog. A menudo, nada más llegar, en estas tardes en que le acompañé, me decía: “Mamá tengo un idea nueva; vamos a trabajar”. Le tenía que pedir “tiempo” pues cuando cogía la carrerilla era incansable.

Una vez escrito el artículo, me lo hacía leer unas cuantas veces: que si este verbo lo hemos repetido dos líneas antes, que es mejor poner esa otra palabra, que si te has dejado un acento, una coma… Han sido 10 años durante los cuales, todas las tardes he tenido la inmensa suerte de estar con él.

En sus 28 años de esclerosis no le he oído quejarse ni una sola vez.

–¿Qué tal estás bonito?, le preguntaba. –Bien –me decía–, si no fuera por la esclerosis... Y, encima, ¡con la sonrisa en los labios!

Últimamente conseguí meterle un gol. Como madre nada más entrar y verle ya sabía cómo estaba, pero  quería equivocarme, y le preguntaba: “Hoy, ¿cuántas apisonadoras te han pasado por encima?" Y yo, optimista, empezaba: 5, 10,15… hasta que con la cabeza me hacía una señal de stop; y el dolor era mío cuando muchas días se paraba en 30, 40… lo máximo que me quiso decir fue un día que llegamos a 50.

Quería daros las gracias a todos los que habéis seguido el blog de El invitado imprevisto, gracias de un modo muy, muy especial a Jaume, su secretario de comunicación, que ha hecho su trabajo a la perfección. La de veces que me decía "la suerte que he tenido con Jaume". Gracias también porque sé lo mucho que habéis rezado por él.

Ahora Joaquín está en el Cielo y es él quien estará a nuestro lado queriéndonos y ayudándonos a todos.

Nos ha marcado el camino, y como me repetía montones de veces, todos nos encontraremos en el Cielo.

Estas líneas no son un "adiós", son un "hasta siempre". Todos os quedáis en mi corazón.

viernes, 6 de julio de 2018

Se ha apagado el invitado imprevisto, pero está más vivo que nunca...


Joquín se nos ha ido. Al Cielo. No queríamos que llegara este día, pero sabemos que es lo mejor: para él y para nosotros, que nos podrá ayudar muchísimo más. Su fe -la que tantas veces mostraba en este blog- nos habla de esto: está más vivo que nunca.

Porque el invitado en el Cielo, no es imprevisto. A Joaquín le estaba preparando la estancia: una bien grande, que se lo merecía, después de casi 30 años con su enfermedad "imprevista". Habrá llegado y habrá hecho lo que con tantas ganas quería hacer: "Dios mío, chapeau!". "Gracias", le habrá dicho.

Gracias, Joaquín; muchísimas gracias por todo lo que nos has dado y por tanto que hemos aprendido de ti. Por lo que habéis hecho con tu hermano Borja. Por los "pactos chinos", y por todas las veces que nos has enseñado (con el ejemplo y con la palabra), que la alegría no se puede perder nunca. Y si no, para eso está Dios a nuestro lado.

Muchas gracias, de verdad. Rezamos por ti, aunque convencidos de que serán oraciones "de ida y vuelta".

viernes, 22 de junio de 2018

Carta a Asier... ¿Me ayudas?


El otro día me acordé de este artículo que me mandaron, por el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple. Me enctantó ver cómo hay tanta gente, como Asier, que saben que la vida vale mucho más que lo que a veces nos hacen creer.

En mi caso, parece que, poco a poco, san Pedro está preparando mi entrada... no sé si triunfal, pero espero que sí: por lo menos, espero que, en ese momento, se me ocurra algún chiste que contarle o alguna anécdota de las muchas que he podido vivir con todos los que me acompañáis todos los días (ya sea por redes sociales o en mi casa) 😊.

Bueno, el caso es que me gustaría mucho poder hacer llegar una letras a Asier y no sé bien cómo hacerlo. Quizás, si me echas un cable a mover esta entrada del blog, acabe llegándole. ¿Me ayudas? 😉

****

Asier:

Aunque con un poco de retraso he leído tu entrevista en La Vanguardia.

Yo también soy enfermo de esclerosis múltiple desde hace 28 años.

He pasado por todas las fases de esa enfermedad; ahora estoy en cama sin poder mover nada y con un respirador.

La fuerza, el espíritu de lucha y seguir siempre adelante, lo he encontrado en Dios gracias a la fe que me inculcaron mis padres.

El invitado imprevisto es un libro que escribí hace tiempo sobre mi vida. Me gustaría que lo leyeras y que me dieras tu opinión.

Rezo por ti y te mando un fuerte abrazo

Joaquín Romero Salord

viernes, 18 de mayo de 2018

No avanzar es retroceder


En ocasiones he tenido que utilizar este argumento para justificar mi dolencia.

Realmente no me gusta, pero define muy bien mi situación como enfermo.

Llevo un mes de "baja” en mi casa. He descubierto lo mucho que me ayuda las continuas visitas que tengo y el apoyo que me transmiten.

¡Cuánto les necesito!.., ¡si ellos lo supieran…!

Hay personas que todavía me dicen que después de esta vida no hay nada, ¡qué lástima!

En situaciones como la que he pasado, me viene a la cabeza con frecuencia este aspecto y pienso lo mucho que nos espera después de esta vida.

Mi madre –la "secretaria de dirección", como se autodefine, con cierta gracia– me dice que he visitado a San Pedro un par de veces, pero… que todavía no era el momento

Ahora no me voy a fijar en el título, pero sí que debo vivir mi día a día con optimismo, aunque tenga ganas de tirar la toalla.

He dicho que no me voy a fijar en el título, pero quiero hacer hincapié en el origen de muchas de mis discusiones con otras personas: debo luchar a todas horas, sin desfallecer nunca.

Me encuentro un poco cansado de tanta lucha, pero quiero que todo el mundo tenga un recuerdo imborrable sobre mí, no se trata de presunción, sino más bien el deseo de que a ellos también les sirva para acercarse un poco más a Él.

jueves, 15 de febrero de 2018

¡Seguro que entre todos lo sacamos!


Me vais a permitir que esta carta la incluya en el blog de El Invitado Imprevisto.

Originalmente la he hecho llegar a los medios de comunicación:

“Esta carta va dirigida a aquellos que tienen algún tipo de discapacidad. Les quería agradecer su capacidad de superación, su alegría, y lo mucho que me ayudan a superar las incidencias y cansancios que toda jornada lleva consigo.

Como enfermo de esclerosis múltiple desde hace muchos años, les quería animar a seguir luchando con ese espíritu optimista y positivo con que llevan su discapacidad.

Sé que nuestra enfermedad puede ser un calvario para nosotros y para los demás. Todo depende del grado de aceptación y objetivos que nos hemos propuesto.

Me ayuda mucho leer ejemplos de personas con algún tipo de discapacidad, que no les impide realizar proyectos ambiciosos personales y de servicio a los demás.

Con esta carta me gustaría animarles a que se apunten a un proyecto que he iniciado este nuevo año: sonreír poniendo buena cara y agradeciendo los mil pequeños –y no tan pequeños– detalles de servicio que tengan con nosotros.
Seguro que entre todos lo sacaremos mejor”.

Como he dicho otras veces: una cosa es coger el autobús y otra ser arrollado por él.

A nosotros nos ha cogido de pleno, así que os pido toda vuestra comprensión y cariño.

Si la persona no tuviera discapacidad, también nos anima comprobar que todos estamos en el mismo barco. 

Y tú, ¿quieres estar en el mismo barco?

sábado, 16 de diciembre de 2017

¡Navidad, Navidad, dulce Navidad!


Un año más nos acercamos a estas fechas tan entrañables.

Me consta que en la mayoría de casos nos acordamos del nacimiento del Niño Jesús, pero a veces nos olvidamos de la importancia que tiene.

Desde luego los regalos y las comidas tendrán su rango, pero ya se ve que no es este el motivo principal de la Navidad.

Os propongo que por un momento hagamos un esfuerzo de imaginación, aunque esto no va a ser fácil, fijaos qué cosa más curiosa: un Dios que nace en una cueva y muere en una cruz.

Claramente detrás de esto se esconde algo grande… A nosotros sólo nos falta descubrir de qué se trata.

Este esfuerzo de imaginación me temo que pasa por los sacramentos, como la Santa Misa…

A las personas que me preguntan por este aspecto, sólo me atrevo a decirles que en todos estos años de enfermedad, nunca me he separado de algo así y, qué quieres que te diga, el resultado ha sido muy bueno, estoy contento a pesar del dolor.

Os invito a que todos juntos contemplemos a ese Niño que nació en el portal de Belén y que espera nuestra visita.

Os deseo a todos unas felices y santas Navidades.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Un trabajo aparentemente inútil

La perseverancia del burrito permite regar todo el campo.
Esta mañana ha ocurrido algo muy particular, ha venido a mi casa Jordi al que conocí hace años. Él me explica que para la asignatura Fotoperiodismo quiere preparar un artículo y hemos hablado de lo siguiente.

Muchas veces he querido resumir la forma de afrontar una enfermedad, en tres aspectos que considero importantes:

  1. Espíritu de lucha
  2. Afán de superación
  3. Optimismo ante la adversidad

Para conseguir estos tres objetivos es necesario tener en cuenta algunos aspectos que considero importantes.

Muchas veces hemos tendido a simplificar estos aspectos con una pregunta muy sencilla: ¿Eres creyente?

En esta ocasión yo quiero ir por otros derroteros: Por un momento me voy a imaginar que no tengo fe.

¿Qué hago?...

Tengo claro que los tres valores que he puesto, serán de mucha utilidad para aceptar la enfermedad y sobrellevarla con garbo.

Ayuda mucho tener un buen apoyo donde agarrarse.

Me doy cuenta de que el dolor llevado un día y otro con optimismo y espíritu de lucha es de gran utilidad para mucha gente.

Creo que la lucha sin fe, será mucho más difícil, pero merece la pena preguntarse lo que hay que hacer para conseguirla.

Una vez una persona me dijo: “Siempre que hablas del dolor citas a Dios”. A lo que le respondí sin dudarlo:
“Realmente no he sido capaz en toda una vida vinculada al sufrimiento, encontrar un sentido al dolor sin nombrar a Dios…”.
Finalmente, termino mi argumentación diciéndole:
“Si tú no fueras creyente el trabajo sería doble, ya que habría que buscar a ese Dios en el que no crees, después encontrarle y finalmente no dejarle nunca”.
El título con el que he encabezado este artículo, lo he hecho sabiendo muy bien que el dolor no es fácil llevarlo en el día a día.  Puede parecer que esta  actividad es sencilla y que no aporta nada y sin embargo puede ayudar y ser útil para mucha gente.

Esto me ha recordado a una figura antigua que yo tengo muy presente: la del borrico de noria, que permitía regar todo un campo con un trabajo aparentemente inútil.

jueves, 26 de octubre de 2017

Los obstáculos están para saltarlos


En ocasiones he podido leer la preocupación que rodea a una persona enferma cuando llega el final de su vida.

Defienden con uñas y dientes que el paciente pueda rechazar los tratamientos que no quiera, que se cumplan los deseos íntimos expresados en un testamento vital, que fallezca en la intimidad y con el mínimo sufrimiento físico y psíquico posible.

Desde luego aparentemente puede parecer que se preocupan de la persona en cuestión, pero quizás conviene pararse un momento y pensar qué es lo que de verdad prefiere la persona.

Por mi parte como enfermo de esclerosis y creyente, le  ofrecería todo lo que tenga a mi alcance para que pueda vivir esos momentos lo mejor posible.

Ayuda mucho tener una fe para poder enfrentarse a situaciones como esta.

Considero de vital importancia acompañar al enfermo durante su vida facilitándole todo lo que pudiera necesitar.

Desde luego no es lo mismo un simple constipado a la esclerosis que padezco hace 27 años.

Me doy cuenta de que el enfoque ante el dolor es muy parecido en los dos casos, a nadie le gusta sufrir y desde luego no existe nada más alejado de los deseos de felicidad del hombre, que el dolor humano, por lo que deberemos tener muy claro cualquier parámetro que lo condicione.

Por un momento he pensado en todo lo que han hecho mis hermanos y los trabajadores de la empresa, desde luego parece una carrera de obstáculos. Pero tengo claro que los obstáculos están para saltarlos y no para chocar contra ellos.

Cuando me diagnosticaron la esclerosis, enseguida procuramos compensar todas las limitaciones que pudieran aparecer, con espíritu positivo y optimista.

Claramente los obstáculos están para saltarlos y nunca para chocar con  ellos.

Por un momento voy a pensar en la frase que apareció en los medios de comunicación de hace un tiempo: la muerte digna. Yo prefiero hablar siempre de vida digna y ofrecérsela a todo el mundo.

domingo, 16 de julio de 2017

¿Y esto cómo se hace?


En ocasiones nos hemos preguntado cuál es la forma más adecuada de tratar a una persona enferma. La respuesta me sale sola:

  1. debo ponerme en su lugar por un momento;
  2. procuraré por todos los medios, que su vida tenga un sentido profundo, capaz de superar cualquier embate.

A mí, la fuerza de la fe me ayuda a llevar bien estos dos puntos: aquí yo soy el enfermo, pero también tengo que hacer lo mismo para aquellos que no tienen fe; según cómo, también estos pueden ser enfermos.

Hace tiempo que veo superada la expresión “creo pero no practico”. Cuando hablamos de una discapacidad esto queda en evidencia, ya que la persona se cogerá a lo realmente sólido.

Aquí ocupan un lugar estratégico los sacramentos. Voy a poner todo mi esfuerzo en conseguir que la persona descubra cómo, con ellos, son capaces de afrontar cualquier situación. Pienso que es importante que la persona se dé cuenta de que algo así es cierto.

Ya os he hablado de la fundación que constituiremos en la empresa, cuyo objeto central será la persona con discapacidad, al margen de sus circunstancias: dolencias, peso, etc.

Nunca hemos de olvidar que su papel principal empezará una vez deje esta vida. Si la persona en cuestión no creyera en nada, le diría simplemente que el camino será un poco más largo, ya que primero deberá buscar a ese Dios en el que no cree, después encontrarle y finalmente no dejarle nunca.

Pienso en lo mucho que nos reiremos una vez estemos en el cielo, ya que allí no existirá el dolor ni nada que se le parezca.

A veces me planteo cómo será posible algo así, si casi toda mi vida he convivido con el dolor: ya llevo 27 años. He de confesar que una vez más han sido los sacramentos los que me han ayudado en una situación tan farragosa.

Tengo claro que siempre procuraré transmitir la fe que recibí de mis padres.

domingo, 7 de mayo de 2017

Un sueño hecho realidad


Anteayer fue un día especial, ya que mi hermano Borja nos dijo a toda la empresa que por fin había llegado la confirmación de la Fundación Romper Barreras. ¡Esto se pone en marcha!

No sabía muy bien cómo titular esta entrada, pero tengo claro el fondo que quiero transmitir: ¿cómo es posible que una persona se encuentre con el dolor y no haya resuelto, con tiempo diría yo, cómo resolverlo? Esto es lo que la Fundación persigue.

Entiendo perfectamente que una persona no pueda creer en Dios, pero debe darse cuenta de que Él es lo único que puede dar respuesta a algo tan particular.

Todas las semanas viene una persona a hacerme reflexoterapia, ella ha tenido un cáncer muy agresivo del que ha salido con alguna secuela.

Como hay confianza le comento que los dos somos “simples corredentores”.

No tengo claro qué título sensacional le pondría a este artículo que estoy escribiendo, desde luego el dolor no tiene ningún atractivo por lo que podría ponerle algo como: “Una historia pequeña con un final grande”.

Llevo ya 27 años con mi esclerosis por lo que una persona sin fe podría pensar que es todo un fracaso. Tuve claro por la fe que recibí de mis padres que el dolor no es más que el medio de conseguir ese cielo que Dios nos tiene preparado.

Rápido me ha venido a la cabeza la pregunta que uno de mis cuidadores me ha hecho repetidas veces: “¿Y si no existe nada?”

Yo le respondo: El camino en ese caso será un poco más largo, ya que la persona en cuestión deberá buscar a ese Dios en el que no cree, después encontrarlo y finalmente no dejarle nunca, ya que tenemos en juego algo muy grande.

Dejando al margen el título tengo claro tres de las cuestiones que plantea El Invitado Imprevisto:
  1. cómo se puede ser feliz en el dolor,
  2. cómo se puede ayudar a otros desde la propia necesidad y por último 
  3. cómo se puede mover una silla de ruedas con la robótica espiritual de una sonrisa. 


domingo, 9 de abril de 2017

Vale la pena

La alegría que recibes dando, no tiene precio... :)
Hoy entro en mi año 50: cumplo 49 años y quería escribirte, una vez más, para agradecerte, estimado lector, tantas muestras de afecto y apoyo hacia mí. Y lo hago hablando de la triste noticia que me llegó, el pasado 6 de abril, sobre el suicidio de José Antonio Arrabal afectado de ELA.

Enseguida me acordé de una pregunta que me hizo una chica en la Universidad Internacional de Cataluña (UIC):
¿Has pensado alguna vez en suicidarte?
Le respondí con el ánimo de ganarme su interés y atención:
desde luego que sí, ya que el dolor no me gusta, ni para mí ni para nadie. En esos casos me planteo dos opciones: suicidarme o luchar por ganarme el Cielo. De las dos me quedo con la segunda y qué quieres que te diga, estoy seguro que he acertado, ya que a pesar del sufrimiento estoy muy contento”.
Me gustaría haber conocido a José Antonio  Arrabal. Llevo 27 años con esclerosis múltiple. Claro que es duro… estoy en cama, pierdo la voz y no puedo mover ni pies ni manos… pero aquí estoy rodeado de la atención y cariño de mi familia y amigos.

Sin ese “invitado imprevisto” no hubiera escrito un libro sobre el sentido de mi dolencia. Desde luego a nadie le gusta el dolor, pero siempre debemos buscar unas "muletas" para poder llevarlo con optimismo.

Yo descubrí esas muletas a través de la fe que me transmitieron mis padres. Ahora deseo que muchas otras personas también las puedan tener.

En una ocasión una persona amiga me dijo que siempre que hablaba del dolor nombraba a Dios. Pero es que realmente no creo que exista otro sentido fuera de Él.

Sin ese “invitado imprevisto” tampoco habríamos creado con mis hermanos la empresa para poner la tecnología de apoyo al alcance de todos.

Ni conocería la lucha, superación y optimismo de tanta gente.

Gracias a todos.  ¡VALE LA PENA SEGUIR LUCHANDO! ¡Claro que sí! :)

lunes, 13 de marzo de 2017

A todos nos llegará


Me doy cuenta de algo que es impepinable. El hombre va a menos con el paso del tiempo.

Conviene que la persona sepa cómo reaccionar ante una situación de estas características.

En una ocasión, una buena persona me dijo que siempre hablaba de Dios cuando me refería al dolor humano. Con el paso del tiempo he pensado repetidas veces en este comentario y considero que la razón de ser del dolor precisamente es para recordarnos que llegará un día que no existirá ni la silla de ruedas ni tan siquiera la duda de saber lo que habrá después.

¡Qué ganas tengo de que llegue ese momento!

Me quedo muy tranquilo, cuando sé por la fe que me transmitieron mis padres, que ese momento llegará un día y que debo ganármelo a pulso.

Ahora vamos a constituir una fundación que tendrá como objeto central a la persona con discapacidad y la tecnología de apoyo, entendiendo como tal los productos para mantener, mejorar o aumentar las capacidades funcionales de la persona.

Eso sí: teniendo siempre muy claro que esto se trata de una maratón, más que de una carrera de velocidad.


sábado, 18 de febrero de 2017

Algo muy particular


Puede parecer muy curioso que quiera escribir en mi blog este nuevo artículo, pero me he dado cuenta de que es algo interesante para una persona enferma.

Resulta que en mi casa hemos colocado una mesa de trabajo, justo en el momento en que peor me encontraba, ya que estoy perdiendo la voz y las fuerzas.

Esta mesa permite estar a la misma altura que cualquiera de las visitas que vienen a verme y cómodamente pueden escribir lo que les dicto.

Algo así puede parecer una cosa totalmente intrascendente, pero ha permitido  darme cuenta una vez más, que todas las personas con discapacidad, especialmente si se trata de una enfermedad degenerativa como la mía, necesitamos de la ayuda de otras personas.

Claramente debemos aprender la forma más cariñosa de dejarnos ayudar, ya que muchas veces puede parecer que lo más “valiente” es aparentar todo lo contrario: que somos inflexibles y totalmente ajenos a cualquier muestra de atención personal.

De esta forma las personas que vienen se han convertido en algo muy particular, en muchos casos terminando en verdadera amistad.

Los que vienen asiduamente han tenido que aprender el manejo de todos los dispositivos que tengo, como si fueran auténticos ingenieros.

El espectáculo está servido: por una parte están las personas que todo lo saben, pero se equivocan de botón, ponen el auricular en sentido contrario…

Luego existen los que tienen pánico escénico ante todo lo tecnológico.

De cualquier manera yo me quedo con la buena intención que ponen y pienso que son personas que se desviven por mí.

Hace poco he podido leer lo que el Papa Francisco ha dicho sobre los enfermos y me doy cuenta que la enfermedad hay que aceptarla y que todos debemos estar preparados para darle un sentido trascendente y humano.

Pienso que la combinación de estas dos características son de vital importancia. Ya llevo 27 años enfermo y sé lo mucho que ayuda.

Como dije en El invitado imprevisto una cosa es coger el autobús y otra ser arrollado por él. A nosotros nos ha tocado la segunda parte.

En ocasiones me he encontrado con personas que me han dicho que siempre que hablo del dolor, nombro a Dios. Realmente no existe otra explicación al dolor que no pase por el sentido trascendente de la vida.

martes, 17 de enero de 2017

Las casualidades no existen


Al poco de hacerme del Opus Dei aprendí que era muy importante rezar por la persona e intenciones del Papa y del Padre.

Recientemente ha fallecido el Padre, e inicialmente pasé por momentos de "confusión", ya que habían sido muchas las horas y los dolores ofrecidos por él.

Lo que al principio podían parecer unos momentos de "confusión", ahora se han convertido en momentos de rezar más por el próximo Padre.

Por si esto fuera poco, ha vuelto a acurrir algo que cada vez va siendo más habitual, se trata de los "pactos chinos". Hoy han venido a verme a mi casa dos personas, una de las cuales era de origen chino. Por eso, hoy es un día histórico: he firmado mi primer "pacto chino" con un chino. Cada vez me viene más a la cabeza rezar por ese gran país.

Para colmo también ha venido a mi casa Javi y cuando le he pedido hacer la oración me saca una imagen china.

Ya se ve que las casualidades no existen y que detrás de todo hay algo más.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Un trabajo en equipo…


De pequeño en una ocasión me hablaron del valor que tenía el trabajo diario de un borrico de noria. Entonces, no sabía lo que era. Con el tiempo, busqué en Internet qué es lo que había al respecto.

Pienso ahora en las características de un asno joven, las orejas  puntiagudas y el trote decidido y alegre.

La aparente rutina del borriquito dando vueltas alrededor de la noria puede parecer que no sirve para nada, que no tiene sentido su trabajo. Sin embargo, algo así permite sacar agua del pozo, subirla hasta la superficie y regar los campos. Con ello, Dios hace florecer las plantas y crecer las hojas.

Actualmente por la evolución de mi esclerosis me doy cuenta que cada día voy perdiendo poco a poco mis fuerzas, como el borrico dejándose la vida en el lento rodar de la noria. En realidad estoy ante un gran desafío, un proyecto de ámbito mundial por el que estoy pidiendo ayuda, especialmente a los hijos de mis amigos.

Ellos me miran con cara de sorpresa cuando les entrego un ejemplar en chino de El invitado imprevisto y les propongo mi pacto chino, al mismo tiempo que les  recuerdo, con cierta complicidad, que Jesús siente predilección por la oración de los niños y de los enfermos.

Ahora voy a aprovechar que aquí estamos las dos partes para involucrar a Jesús en un determinado asunto. A continuación se lo propongo y quedamos que a partir de ahora “trabajaremos en equipo”.

sábado, 8 de octubre de 2016

Tomarme más en serio todo lo que hago



Gracias a Dios, seguimos sumando “pactos chinos. Dije que os iría avisando, y aquí me tenéis: ¡ya hemos alcanzado los 100! Por favor: ¡sigamos creciendo! :)

Por mi parte, lo voy ofreciendo a las personas que vienen a verme. Les suelo decir que a Jesús le era especialmente grata la oración de los niños y los enfermos. Por este motivo, cada vez con más frecuencia, estoy quedando en mi casa con familias al completo y les explico a los niños que su oración y la mía, como enfermo, era especialmente grata a Jesús.

Como habitualmente se quedan estupefactos, les aclaro:
yo tengo esclerosis múltiple desde hace 25 años y vosotros sois niños, aunque me parecéis muy mayores, por lo tanto os propongo unir nuestras fuerzas y vamos a pedirle a Jesús que nos conceda este regalo que le pedimos
Sin pensarlo dos veces les animo a que abran mi armario de chuches y les explico, con cara de asombro por su parte, que los pactos chinos son con chuches. Por ello, todos estamos dispuestos a ofrecer a Jesús aquello que tanto nos cuesta por este nuevo reto.

No sé si será el efecto de las chuches u otros motivos, pero la realidad es que me sorprende el empeño que ponen en este cometido.

Hay momentos en los que pienso que todo esto es una pequeña locura, entonces me fijo en la imagen de la Virgen de la Virgen China que tengo en mi sala de estar y el sextante que me regalaron en la empresa y pienso que un día no tendré esclerosis, ni tan siquiera será necesario inventarme este tipo de triquiñuelas para estar más cerca de Jesús, ya que estaré con Él (con su gracia).

El sextante me recuerda que antiguamente se utilizaba por las embarcaciones para retomar el rumbo; y qué rumbo más acertado que el que me lleva al cielo, así que ahora debo tomarme más en serio todo lo que hago.

viernes, 30 de septiembre de 2016

¿Cómo se puede ayudar a otros desde la propia necesidad?



Una de las preguntas que trata El invitado imprevisto ha dado título a este artículo.

Realmente es llamativo que a través de una simple enfermedad, además de sobrellevarla, se pueda ayudar a otras personas. Algo así he podido comprobar con el libro.

Con frecuencia, las personas que vienen a verme me comentan sus inquietudes o metas. Entonces les digo que tengo un documento extenso donde anoto todas las intenciones por las que debo rezar. Acto seguido les pido que me digan, por favor, lo que desean añadir a este documento.

Como normalmente no salen de su asombro, les explico que El invitado imprevisto se ha editado en chino y que realmente me parece igual de difícil aprender chino, que aprender a confiar en Dios cuando aparece cualquier problema en nuestras vidas.

Me doy cuenta de que a la gente, creyente o no, le gusta saber que me he acordado de ella cuando paso por un momento difícil de mi enfermedad. Resulta que algo tan simple me es de mucha ayuda cuando se presentan las molestias.

O sea que además de pensar en los demás, consigo no dar vueltas a mi enfermedad cuando arrecian los dolores.

Veo que la forma de ayudar a otras personas lo consigo, no pensando continuamente en mis cosas, sino poniéndome en su lugar, escuchándolas y acogiéndolas. ¡La intriga está resuelta!

lunes, 4 de julio de 2016

¡Que alguien pare el mundo, que me bajo!


En una ocasión escuché un comentario que ha dado título a este nuevo artículo de El invitado imprevisto.

Cuando en 1990 me diagnosticaron la enfermedad, no imaginé ni de broma, que se pudiera llegar a unos extremos como los actuales: he perdido mis manos y mis pies y tengo problemas respiratorios, lo que me obliga a utilizar un respirador toda la noche y en momentos puntuales del día.

Hace poco una persona me preguntó con cara expectante: “¿Has pensado alguna vez en suicidarte?”, a lo que le respondí con toda naturalidad: “Pues claro que sí, pero prefiero luchar por ganarme el Cielo”.

No pongo en duda que a nadie le gusta el dolor. Tengo claro que es una forma con la que Dios nos recuerda que nos está esperando en el Cielo. La manera de conseguirlo son Los Mandamientos y todo lo que la Iglesia nos enseña.

Desde luego el dolor será el mismo, pero la forma de llevarlo cambiará radicalmente.

Hoy ha venido a verme a casa Carlos, que está estudiando segundo de medicina. Nada más verle le he dicho:
“Seguro que tú sabrás muy bien, por tus estudios y la fe que has recibido de tus padres, el sentido que tiene algo como el dolor”.
A lo que añadí:
“Me viene genial haberte conocido…, para responderte al tema del dolor, he pensado para mis adentros lo que muchas veces he dicho: ¿cómo es posible que Dios haya venido al mundo y haya querido nacer en un portal y morir en una cruz…?
Seguro que detrás de una pregunta tan sencilla se debe esconder algo grande. A nosotros aún nos queda descubrirlo...

sábado, 18 de junio de 2016

¡Esto lo sacamos entre todos!


En todos estos años desde que me diagnosticaron esclerosis múltiple he podido comprobar que una enfermedad se lleva mejor cuando uno está acompañado. Por este motivo he querido publicar en mi blog las estampas de las 13 causas de canonización que hay abiertas en la Obra.

Recientemente el Papa Francisco ha declarado venerable a Montse Grases  y esto ha hecho que prepare esta nueva entrada, ya que ella estuvo afectada de un cáncer.

A continuación adjunto información sobre estas personas y la correspondiente estampa para la devoción privada.

  1. San Josemaría
  2. Beato Álvaro del Portillo 
  3. Guadalupe Ortiz de Landázuri
  4. Isidoro Zorzano
  5. Montse Grases
  6. José Luis Múzquiz
  7. Dora del Hoyo 
  8. Toni Zweifel
  9. Tomás Alvira y Paquita Domínguez
  10. Ernesto Cofiño
  11. José María Hernández Garnica
  12. Laura Busca
  13. Eduardo Ortiz de Landázuri 
  14. Encarnita Ortega

Por último animo a cualquier persona aquejada de una molestia, o ¡no!,  a que se familiarice con la causa que más le atraiga.

Estoy seguro que esta será una forma de llevarse mejor con ese invitado imprevisto con el que todos nos encontramos en alguna ocasión.

Al final de cada estampa, se debe rezar un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria. En este enlace podréis descargar un MP3 con las tres oraciones.

Como siempre he dicho, el dolor será el mismo, pero la forma de llevarlo radicalmente diferente.

lunes, 6 de junio de 2016

Más allá de la gran muralla


El sábado 21 de mayo vino a mi casa Diego A. acompañado de un amigo chino,
me dio una gran alegría.

Lo primero que me vino a la cabeza es el vídeo del Papa Francisco que habla de sus deseos de poder visitar China y que ya vimos en una entrada anterior.

Resulta que cada vez son más frecuentes los “pactos chinos” que firmo con las familias que vienen por casa, precisamente para rezar por esta intención.

El primer ejemplar del libro en chino se lo envié al Papa Francisco comentándole que pediría oraciones por su viaje.

Soy consciente que los cristianos en China están siendo perseguidos, pero ha podido más el deseo de que muchas personas descubran el sentido cristiano del dolor, que realmente puede ser de gran ayuda para todas las personas que en algún momento deban convivir con este “invitado” tan inoportuno.

Algo así es innato a la condición humana, por lo que debemos encontrar un sentido a una circunstancia de estas características.

He querido titular este artículo como “Más allá de la gran muralla” porque realmente el sentido del dolor trasciende totalmente a todo tipo de ideologías.

Pienso que lo único que debemos hacer nosotros es descubrir porqué un Dios ha querido nacer en un portal de Belén, haber sido flagelado y morir en una cruz.

El interrogante está servido, al margen de todo lo que pueda pensar el hombre. Ánimo a todo el mundo a que descubra la respuesta.

Y, ya que estamos, lo repito un avez más: ¡súmate al reto del millón! ;-)